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el precio de un intangible

02, noviembre | Sin comentarios

Mas de 440.000 millones de euros y subiendo. Eso es, según un informativo, una estimación de lo que ha pagado la UE por tratar de recuperar la Confianza.


En ese mismo reportaje se decía que líderes y ministros de economía de la UE llevan muchas reuniones tratando de poner precio a algo que se ha perdido: La Confianza. Y que a día de hoy siguen sin saber cuál es su precio. Sólo saben hasta hoy hacer inyecciones millonarias para ver si consiguen rescatarla y por lo que vemos no parece ser ese el buen camino.

Yo sinceramente creo que no saben a dónde van, aunque estemos ante mentes privilegiadas con grandes estudios y reconocimientos, ¿o no? Ya que no siempre cargo, va unido a preparación y si no que nos lo digan a los españoles, que algún que otro ministro tenemos que dice diabetis. O tuvimos otros que no tenían ni titulación superior. Pero eso es otro cantar y ahora, estoy a lo que estoy.

Esto de la confianza perdida como la voluntad, son síntomas claros de la ineficiencia de un modelo de actuación. Eso que tantos dicen que hemos de cambiar pero que pocos se ponen a proponer uno, que por lo menos ponga sentido a las miles de iniciativas que los distintos países andan probando.

Un modelo, si me permiten, que poco tiene que ver con que lo resuelvan los estados y mucho con que lo entiendan las personas. Que entendamos que hemos de recuperar la voluntad, la responsabilidad, el compromiso, la generosidad, la solidaridad, etc, que hacen posible que no se despilfarre, que se optimice, que se aporte para el entorno, que se respete lo común, que se ahorre, que se recicle, que se reparta, que se favorezca la capacitación, que se empiedre a las personas, que se las enseñe a apreciarse y respetarse, que se colabore, que se comparta, ..... y sobre todo que se exija a quienes tienen responsabilidad pública a hacer lo mismo.

 

 Nada muy nuevo y como pueden ver, todo muy relacionado con la gestión de eso que se ha venido en llamar intangibles. Porque la cultura, la comunicación, el conocimiento, la confianza son aspectos difícilmente cuantificables. A todos se nos escapan entre los dedos y las neuronas. Pero esta sociedad sólo se salvara del fin, si somos capaces de ver que el dinero y lo material solo son un instrumento al servicio de los conceptos y de las ideas.

 

Hoy los intangibles los hemos perdido o instrumentalizado y al perder su esencia y función verdadera nos hemos convertido en una sociedad fracasada.

 

No recuperaremos la confianza hasta que no seamos capaces cada uno de nosotros de creer en nuestra capacidad para salir de la crisis. Cuando nos sintamos felices y contentos con lo que somos. Cuando recuperemos la satisfacción que da no sentir que tu vida depende de lo que otros hagan. De ser protagonista de ella. De eliminar las limitaciones que unos cuantos te enseñan para protegerse.

 

Hoyel poder opresor es sutil, no somos conscientes de las cadenas invisibles que nos impiden avanzar. Nos las han puesto en nombre de eso que se llama formación y que las más de las veces, es deformación.

Mi consejo es no escuchen a nadie que culpe a otro de lo que pasa. Elijan y oigan al que le exija y le pida esfuerzo y disciplina. Los otros viven de  ser ajustadores de las cadenas que no se ven. De quitarle la confianza en usted mismo. Y así, no existe la confianza colectiva.

Porque el precio de la confianza, no es el dinero. Es el esfuerzo y la exigencia. Es superar situaciones difíciles y afrontar retos. Es apostar por el valor y el saber. Es apostar por eso que no se compra con dinero, los intangibles. Aunque estos lo necesiten para ir más rápido y conseguir más logros. Sólo con dinero no se arregla. Es necesario primero tener una brújula y un autentico guía.  Un guia que piensa en los demás y el bien común, porque entiende que ese es su papel o su misión. Que viene a dar y no a recibir. Que viene a exigiese primero para exigir DESPUES.

El precio de la confianza es primero inmaterial, es el compromiso de cada uno de nosotros con nosotros mismos y luego con la comunidad. Y para adquirir o recuperarla necesitamos una mayoría. Una mayoría comprometida.

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