Buen nombre
14 de agosto de 2011

Hoy existe una palabra que ha puesto de moda Internet. Mejor dicho que ha recuperado y redefinido. Se trata de REPUTACIÓN. Hoy dicen los expertos de gestión del intangible que esta es la clave para tener una marca poderosa.

Una marca capaz de articular conductas humanas comprometidas con ella. La REPUTACIÓN es eso que hace que valores como la lealtad o la fidelidad sean posibles.

Dicen que la REPUTACIÓN es la base de la confianza y que como ésta, cuesta mucho de ganar y muy poco de perder. Es una forma de exigencia y de dinamismo que obliga a quien la posee a un proceso de coherencia, consistencia y constancia permanente.

Puede que sea la base de una nueva forma de gestionar lo personal y lo organizativo, que nos permita avanzar hacia un futuro más sostenible y equitativo. Es una forma extraordinaria de empoderar personas y comunidades.

Pero lo de la REPUTACIÓN es viejo. Tener un buen nombre ha sido a lo largo de la historia el resultado de compromiso y excelencia. Y muchos lo trabajaron porque es sencillamente PODEROSO. El poder de un buen nombre.

El poder de un nombre es la capacidad que tiene éste, de dotar a algo de identidad o de existir. En la Biblia se dice que "el principio es el verbo" o dicho de otro modo la palabra. “Lo que no se nombra no existe” es una máxima que todos hemos oído. Cuando no te nombran es como si no existieses.

Pero cuando el nombre se convierte en tu nombre, tú sientes que eres algo diferente a otros. Nombres para distinguirte de tus hermanos, de tus amigos, de otros que antes que tú lo llevaron.

De algún modo nadie puede evitar que cada nombre le evoque a otros que antes lo llevaron.

Es muy frecuente poner a los descendientes el nombre de los ascendientes como forma de perpetuarse una vez desaparecidos. Y en ocasiones resulta al que no es original un problema de identidad ser otro que ya fue.

Los nombres, ¡qué poder tienen sobre nosotros! Todo el mundo entiende que un nombre no es inocuo. Te aporta para bien o para mal percepciones que no dependen de ti. Supongo que por ello inventamos los apellidos, los motes, etc.

Pero hablábamos de un buen nombre, o para ser más exactos de eso que llaman, RENOMBRE, algo que otorga relevancia y diferencia.

Un buen nombre es aquel que en primer lugar nos distingue, nos separa de otros y nos otorga unicidad. Pero además, es bueno cuando DESPUES de habernos diferenciado de otros, evoca nuestra esencia como personas u organizaciones. Es como conocerte sin conocerte. Es como saber qué se puede esperar de ti, cómo vas a responder, cómo te vas a relacionar, reaccionar, comportar, etc.

Un buen nombre es un patrimonio de los más valiosos que hay y como todo patrimonio has de cuidarlo y protegerlo.

Un buen nombre es como un escudo. Te defiende en los momentos más críticos de tu vida y te obliga a no perder el norte en momentos de dificultad. Es aval y brújula. Y lo es para ti y para los demás.

Deberíamos explicar y enseñar como lo hicieron con nosotros, lo importante que es trabajar bien no para ganar dinero sino para conquistar UN BUEN NOMBRE y deberíamos aprenderlo tanto las personas como las organizaciones.

Porque el nombre es el único elemento del MK mix que sobrevive a la extinción del resto. Y porque el nombre es el termómetro que nos mide y avisa de problemas con nuestra REPUTACIÓN.

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Por Carlota de Dios 1 de noviembre de 2018
Este es mi discurso en la noche que recibi el premio: Mis primeras palabras son las mismas que pronuncié al conocer que era la asociada premiada de este año: Gracias, Gracias, Gracias. Me siento agradecida de pertenecer a esta Asociación y vivo como un orgullo estar entre las mujeres que recibieron este premio: Representan nuestros valores: Diversidad, Integridad y Profesionalidad. Victoria, Isabel, Luisa, Asun y Enriquetta. Si algo caracteriza el comportamiento de las “mujeres evap” es su generosidad y compromiso. Todo en esta Asociación se hace desde el voluntariado. Todas tenemos claro que aquí se viene a dar desde la responsabilidad personal con un compromiso colectivo y compartido. Tenemos claro que sin siembra no hay cosecha y que a cada una le toca una tarea y todas son igualmente importantes. Siento que lo que hoy se premia, no es una carrera sino un camino. He necesitado cometer muchos errores, renunciar a cosas, y no cejar en la búsqueda de soluciones, a veces , aparentemente IMPOSIBLES. En esa búsqueda el estudio, la reflexión, y el cambio personal han sido para mí importantes. Me siento orgullosa de ser mujer y consciente de la responsabilidad que tenemos como mujeres, por nuestro poder de movilizar el cambio de nuestros entornos próximos. Sé que eso solo puede hacerse desde el conocimiento interior y personal, desde la libertad, y desde el Amor. Solo desde el CONOCIMIENTO de uno mismo y la asunción responsable desde la LIBERTAD es posible la realización personal y la coexistencia, la justicia, la felicidad y la paz. La vida de las mujeres desde hace siglos está condicionada por unos arquetipos del inconsciente colectivo y unos estereotipos culturales que conviene conocer. La mitología griega y sus relatos nos enseñan y ayudan a entender muchas cosas. Los griegos en su mitología hicieron que la mujer fuese tragada por el hombre y desde el interior le inspirase para tener el poder con su inteligencia y estrategia: Zeus se tragó a METIS. Y desde entonces, hace más de 2000 años, los arquetipos femeninos eran de dos tipos: las diosas vírgenes que no necesitaban a los hombres para sentirse completas pero que de un modo u otro les servían. Y las diosas vulnerables que eran víctimas de ellos. Hoy Zeus está a punto de VOMITAR a Metis y una sabiduría femenina hará posible el cambio que este mundo necesita. Hoy la mujer hasta cuando no lo cree, es utilizada por un paradigma de PODER masculino. Las mujeres unidas vamos a ser las protagonistas de lo nuevo que está gestándose. Un nuevo feminismo, consciente y consecuente, más espiritual e integrador empieza a alumbrar un nuevo modelo holístico, más humano y respetuoso con la MADRE tierra, que sigue siendo vulnerada, saqueada y arrasada como la mujer en el curso de la historia. Estamos comprometidas en impulsar el cambio de todo aquello que nos hace sufrir: discriminación, desigualdad, acoso, violencia, injusticia, marginación, exclusión, …….. Nosotras las mujeres, mejor que nadie, hemos de ser artífices activas en la eliminación se esas lacras, porque en mayor o menor medida las hemos sufrido en nuestra carne. Estamos en un camino no transitado antes y necesitamos guías de otro tipo de liderazgo: un liderazgo femenino. Un liderazgo que no es solo propio de mujeres, que apuesta por lo pequeño y lo próximo, lo sencillo, lo auténtico, los valores y principios que liberan a la persona y no la esclaviza. A mis 58 años, solo me planteo cual es el siguiente paso que debo dar en mi propósito vital. No me interesan cosas que en otro tiempo lo hicieron. Más que nunca me importa lo intangible, lo que no puede medirse, ni a veces tocarse, ni explicarse. Me interesa lo que no sé, y aquello en lo que puedo ayudar. Me interesa recuperar e inspirar la alegría y la esperanza. Hoy sabemos científicamente que CREER hace que las cosas sucedan. Hoy sabemos que el observador modifica la realidad observada. Tenemos enemigos con los que luchar, se llaman MIEDO, DESILUSIÓN, Falta de FE y confianza en uno mismo y en el de al lado. Sé, cómo sabemos las mujeres de evap, que nosotras unidas podemos conseguir metas que parecen imposibles. Y sé que hoy, es el primer día del resto de nuestra vida y todo lo anterior, todo lo conseguido, lo que nos permite dar el siguiente paso. Y sé, que lo daremos JUNTAS.
Por Carlota de Dios 11 de junio de 2015
 La triada que debe adornar a cualquier buen profesional y que a nadie se le escapa que es exigible a determinados profesionales como los médicos, arquitectos, profesores, políticos, empresarios, y por supuesto a los comunicadores . Lamentablemente hoy asistimos a una cultura donde lo fácil es preferido a lo difícil, lo cómodo a lo incomodo y lo superficial a lo profundo. Asistimos a una apertura a la información de forma masiva y extensiva que hace difícil la discriminación de lo verdadero y de lo falso. Asistimos a un cuestionamiento permanente de lo dicho y opinado por los sabios y los profesionales. Y es ese contexto donde más que nunca deberíamos de contar con esos tres distintivos que adornan al PROFESIONAL responsable y comprometido con su labor: El RIGOR en la emisión de opiniones y la determinación de su conducta, la RESPONSABILIDAD en la difusión del conocimiento y la defensa de los valores que aporta su profesión. Y todo ello, desde el RESPETO más exquisito a la persona y al OTRO. Hoy en la era de la postmodernidad , como dice Bauman en su libro: Modernidad liquida “La individualización concede a un número cada vez mayor de hombres y mujeres una libertad de experimentación sin precedentes, pero también acarrea la tarea sin precedentes de hacerse cargo de las consecuencias.”, hemos de hacernos conscientes de nuestra RESPONSABILIDAD como individuos, como profesionales, como miembros de una comunidad y como habitantes de un planeta. Pero parece que en su lugar en estos tiempos de cambio y exceso de información unidos a la intromisión indiscriminada en disciplinas que se desconocen por muchos y se opinan por más, se está creando un clima caracterizado por la falta de rigor a la hora de elaborar informaciones y emitir opiniones que unido al silencio de los que deberían hablar desde el conocimiento y la responsabilidad, generan un clima de IGNORANCIA peligrosa. Todo ello es una expresión de una falta de responsabilidad y traducen en muchas ocasiones la falta de respeto inicialmente de una profesión y secundariamente de un colectivo que finalmente redundan en el perjuicio de una organización o de la propia sociedad. La comunicación es una de esas profesiones en que esta triada, RIGOR, RESPETO y RESPONSABILIDAD, es especialmente exigible y lo es porque su capacidad de influir en la toma de decisiones es cada vez más importante. Son estos profesionales de la comunicación en los que descansa en muchas ocasiones ser fuente y referente. Son ellos, de forma individual, como portadores de esas cualidades los que aportan prestigio y reconocimiento al colectivo. Y lo que otorgaba credibilidad al profesional, al grupo y a la organización en la que de encuentran.
Por Carlota de Dios 29 de abril de 2015
 Parece incomprensible el hecho de que más del 50% de los estudiantes universitarios sean mujeres, más del 50% de los jueces sean mujeres, más del 50% de los funcionarios de carrera sean mujeres, más del 50% de los colegiados en Colegios profesionales sean mujeres y, sin embargo, en los Consejos de administración, en las Cátedras y en todos aquellos lugares de poder, la figura femenina brille por su ausencia o esté en situación de clara inferioridad. Yo jamás defenderé que una mujer ocupe un lugar de responsabilidad sin preparación y méritos para hacerlo, pero defenderé hasta la extenuación que el hecho de ser mujer no sea un freno para el acceso a determinados puestos. Hoy en día no es comprensible ni aceptable y, desde mi punto de vista, desaconsejable la no paridad en los lugares de poder. Porque hablamos de un poder que apueste por limar diferencias, por integrar diversidad, por eliminar la injusticia, por encontrar territorios de unión, por respetar al otro y al entorno, por entender la solidaridad y la responsabilidad como ejes de acción y decisión. Poder para trasformar el mundo en algo mejor. Hoy, en tiempos de crisis y cambio, tenemos la urgente necesidad de incorporar otras formar de ver y hacer, otros talentos, habilidades y competencias. Hoy prescindir del talento femenino es un lujo que ninguna empresa, ningún gobierno y ninguna organización debe permitirse si desea tener un futuro sostenible y humano. Dicen que la realidad supera la ficción y nuestra realidad hoy, si nos acercamos a revisar la presencia femenina en los consejos de administración de las empresas es que, en muchas, brilla por su ausencia y en otras, esas que deberían ser de referencia, las del IBEX 35, no sé llega ni al 20%. Eso sí, esforzarse se esfuerzan ya que éstas últimas han pasado de un 6% en 2007 al 17% en 2014. Se han esforzado casi tanto como las propias mujeres que de un 8,5% de colegiadas hace 30 años hoy son casi el 50% según el Consejo de Colegios de Médicos. Eso sí, hay una pequeña diferencia, en el segundo caso sólo dependía de su esfuerzo personal y su capacidad, no de que un grupo de personas se lo concediesen. El pasado mes de marzo se cumplían 8 años de la recomendación a las empresas cotizadas de que “… procurarán incluir en su Consejo de Administración un número de mujeres que permita alcanzar una presencia equilibrada de mujeres y hombres en un plazo de ocho años a partir de la entrada en vigor de esta Ley”. Como imaginarán se trataba de la ley de Igualdad. De donde podemos deducir que de poco sirven leyes y recomendaciones si no existe la interiorización del valor que supone integrar la diversidad y en especial la de género. Llama además especialmente la atención que ni aquellos que deberían ser los iconos y referentes de las empresas de un país tengan esa visión. Porque parece evidente que cuando de estudiar se trata, de aprobar oposiciones, de comprometerse con los principios y valores el cupo femenino es superior al 50%. ¿Verdad que resulta incomprensible que llegando a las sillas del poder se vea tan poca presencia femenina? ¿Será por eso que las cosas cambian tan poco? Resulta incomprensible que los hechos muestren esa falta de paridad, sin pensar por un momento que “la falta de paridad es como la falta de caridad, un seguro para caminar sin rumbo”. Entendiendo “caridad” no como ese “siente un pobre en su mesa”, sino como el amor universal entre todos los humanos. Y quizás esa, sea una de la causas por la últimamente andemos un tanto desnortados.